Ella sabía que estaba mal, que estaba siendo caprichosa, obsesiva y celosa.
Debía ser una imágen deprimente, sentada en la cama a punto de caerse, la ropa rota la acompañaba, la música no convinaba con la situación, pero qué importaba? lo único que escuchaba era el retumbar de sus ideas paranóicas en la cabeza, entraban y salían todo el tiempo, como atrapadas en una puerta giratoria.
Un cigarrillo atrás de otro, por qué me hiciste esto, por qué me hiciste esto. Estaba tan encerrada en su angustia que no veía nada más, pensaba todo el tiempo, el cerebro iba a mil, el corazón no daba más.
Y entonces él.
¿Por quién más ella iba a estar asi? ¿Quién más era capaz de desarmar su corazón y armarlo a su gusto?
¿Quién más le podía sacar las peores lágrimas y las sonrisas más alegres?
Lo necesitaba tanto, era en serio lo más importante, y sin embargo seguía encerrada en las ideas de las mentiras. Me mentiste, me mentiste, me mentiste. ¿Por qué esa maldita obsesión del pesimismo?
¿Cuándo iba a poder entender lo que él sentía por ella?
Okey, marcó el número. Lágrimas. Gritos. Perdón. Te amo.
Debería haber terminado ahí, ya estaba bien, no hacía falta más. Mucho por hoy.
¿Con qué necesidad siguió? ¿Es entonces la gente enamorada masoquista?
Un cigarrillo, dos cigarrillos, más alcohol, no entiendo. Te amo.
Pasaba la noche, ella lo vio, y él la abrazó. No existe un calor más lindo que ese.
Estoy muy mal, me siento muy mal, ¿La dejaste por mi? Te amo. Estoy muy mal.
Okey, se terminó por segunda vez. ¿Había que seguir? Al parecer si.
Él le explicó, ¿Tanto cuesta entenderlo? Tiene todo el sentido del mundo.
Es un gran esfuerzo. Pensé que te importaba más. No hay otra persona que me importe. Estaba llorando. No sabía que era tan importante para vos. Me rompés el corazón. No quiero que te vayas. Quedate conmigo. Te amo.
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