Son esos recuerdos que no explotan en la imaginación a media noche en la cama sino en el momento menos esperado, como en la textura de un libro, el aroma único de una persona, el tabaco con olor a invierno, o el invierno con sabor a tabaco. La calidés de una casa ajena, y también de un cuerpo ajeno.
Muchas veces sentimos la vida como algo que pasa cerca nuestro, pero me pasa particularmente, que empecé a sentir la vida a través de otra persona más o menos. Es una situación difícil de explicar, ahora siento cosas que antes no sentía, o al menos nunca les hubiera prestado atención.
El otro día pensaba, ¿Qué es más hermoso que estar acá? ¿Qué es más hermoso que vivir? Y sentí, el sol que me abrazaba, y cerré los ojos y el viento me acarició la cara.
Y miré los árboles, y esa es mi representación de la vida. Algo que crece, que siente la lluvia y el sol, que baila con el viento, que enrieda sus ramas, raíces y hojas con otras vidas.
Y me di cuenta, de que hay algo todavía más lindo, que es cuando uno descubre toda esa vida bajo sus piés, y sabe que está compartiéndola con alguien.
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